Ahora, la lucha es la misma, y a la vez es otra, más compleja, más profunda, un contexto distinto, pero un mismo objetivo: IGUALDAD DE DERECHOS, no solo en el mercado laboral productivo, sino también en los cuidados, en ese trabajo invisible, que no se ve, pero pesa y cuenta mucho, ese gran trabajo que es prácticamente femenino, que mantiene el orden de las cosas y que empuja cada día a la renuncia a numerosas mujeres.

Así, año tras año, nos encontramos nuevamente resistiendo a las agresiones brutales de la misma política neoliberal contra la clase trabajadora en general, pero que pega más fuerte en nosotras, las mujeres, marginándonos en trabajos precarios, con peores sueldos, mayor temporalidad en los contratos, en los que se nos exige completa disponibilidad para jornadas parciales, contratos por horas, exigiéndonos una sobrecualificación y cuestionando nuestra profesionalidad. En el movimiento libertario hemos aprendido que las transformaciones sociales que queremos no vendrán de la mano del mundo político, sino de la conciencia y movilización social. Si no luchamos por nuestros derechos, nadie lo va a hacer por nosotras.

POR TI, POR MI, POR ELLA, POR TODAS Y TODOS.

 8M, POR UNA IGUALDAD REAL.